Han pasado cinco años desde que el mundo se paralizó por el COVID-19. Aunque la emergencia sanitaria terminó, el virus dejó rastros difíciles de borrar, especialmente en la salud mental y cognitiva de los jóvenes. Ansiedad, depresión y dificultades para concentrarse o recordar información son hoy diagnósticos comunes en esta población. Más que una consecuencia médica, este fenómeno es un reflejo de los cambios profundos que la pandemia trajo a sus vidas.
Las cifras respaldan esta preocupación. Según estudios recientes, los trastornos de ansiedad y depresión en jóvenes aumentaron significativamente después de la pandemia. Para muchos, la incertidumbre, el aislamiento y las pérdidas vividas durante ese periodo siguen pasando factura. No se trata solo de estados emocionales pasajeros, sino de afecciones que afectan su desempeño académico, laboral y personal.
Además, se han identificado dificultades cognitivas en quienes tuvieron COVID-19. Problemas de memoria, falta de concentración y fatiga mental son algunas de las quejas frecuentes en consultorios médicos. Este tipo de secuelas, aunque menos visibles, impactan la calidad de vida y podrían influir en el desarrollo profesional de una generación que ya enfrenta un mercado laboral competitivo y exigente.
El reto ahora no es solo reconocer estas consecuencias, sino actuar. La atención a la salud mental sigue siendo limitada, y muchas personas aún no buscan ayuda por desconocimiento o estigma. Frente a esto, expertos insisten en la importancia de hablar del tema, normalizar la búsqueda de apoyo profesional y fortalecer estrategias de prevención y tratamiento.
________________________________________
Síguenos en Instagram
Síguenos en TikTok
No te vayas sin leer: Esta planta milenaria china podría combatir el cáncer y la Covid
➡️ Únete a nuestra comunidad DE WHATSAPP de ↪️ laotraversion.com
Mantente informado en nuestros canales de ➡️ WhatsApp
Prensa LOV/Carmen Cecilia Guerra
Agencia